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Gladys Camacho y Sandra Barea son dos mujeres que han pisado fuerte en un sector tan masculinizado como es el de la soldadura. Y es que, el área de Desarrollo Local impulsa un curso de soldadura, y en ellas tanto Camacho como Barea han encontrado una nueva afición (en caso de la primera) y un reencuentro (en caso de Barea).
¿Cómo surgió la idea de probar en un sector tradicionalmente masculinizado?
Gladys: Pues la idea surgió con un cambio que decidí darle a mi vida, por superarme mucho más con el tema laboral. Justo leía la revista Sopela Gurea, y me fije en la formación que había convocado el ayuntamiento, y me dije “esto va dirigido para mí”, y me apunté.
Sandra: Yo hice un curso hace diez años, y luego he vuelto a hacer. Siempre he sido muy de deportes de riesgo, de adrenalina, estuve probando con un amigo que tenía y me gustó, sí que es verdad que hay que tener un poqui- to de fuerza, se suda, es duro, pero las chicas tenemos mucho mejor pulso y la verdad que se me dio muy bien.
¿Qué es lo más difícil que habéis encontrado en ese camino? ¿Cuántos prejuicios se pueden encontrar?
G: Pues sin tomar en cuenta el tema masculino. Fue difícil, porque solo éramos 4 chicas junto con 220 chicos. Escuchando algún que otro comentario…
¿Cuáles crees que son los retos actuales del emprendimiento femenino?
G: Emprender siempre es un reto por que surgen muchas dudas el miedo siempre está ahí, pero hay que lanzarse.
Gladys, en tu caso, como mujer, madre, soldadora y emprendedora ¿Cómo se consigue conciliar la vida familiar y laboral, con todas las exigencias que conlleva?
G: Como madre de tres hijos y sola, trabajar y emprender es un poco difícil, pero nadie dijo que fuera fácil. Ya llevo una racha de hacer planes con mis hijas e hijo. con el tema hogar-trabajo lo llevamos más o menos bien, la base es hacer un buen equipo.
¿Qué es lo que os da hoy en día la soldadura? ¿Qué es para vosotras?
S: El volver después de 10 años, volver a andar con electrodo y la verdad que he estado utilizando casi todas las máquinas de soldar diferentes, con la semi, con tubular y lo normal, está genial para volver a retomar y reciclarme, y yo muy contenta, encima los profesores son los mejores.
G: La soldadura me encanta, vamos, no me tiembla el pulso. Dejé la depilación láser por soldar y no me arrepiento de estar en este mundo nuevo.
¿Creéis que estos cursos ayudan a empoderar a la mujer, participando y trabajando en sectores mayormente ocupados por hombres?
S: Bueno, está guay para que se pueda tener la opción de intentarlo, de ver que las mujeres tienen que tener muy buen pulso, todos y todas somos en este muy buenos/as, pero bueno, sí que es verdad que al estar todavía subvencionadas, está bien que tengamos la oportunidad de intentarlo, y ojala que en el futuro haya manera de que se pueda compaginar más con una vida laboral, o sea, la vida laboral en ese sector es más masculinizado, pero con el ser ama de casa, yo soy madre soltera y la verdad que se me complica mucho… Creo que todavía queda mucho que trabajar con este tema, pero sí, me parece que ayuda a que podamos por lo menos intentarlo o probarlo, y ver si estamos capacitadas o no, no son trabajos muy duros y todavía queda mucho trabajo para que muchas mujeres lo intenten, pero cada vez somos más.
¿Recomendaríais esta formación a otras mujeres del municipio?
G: Yo lo recomendaría, por supuesto que sí, a mi como mujer y los logros por méritos propios en esta área la de soldar, te hace más fuerte, no llegas a sentirte frágil en ni un momento.
S: Sí que me gustaría animar a que participen a las mujeres. Recomiendo a mujeres de todas las edades para que pongan a prueba sus capacidades, que nosotras al tener un buen pulso y
una muy buena concentración, buena vista, maña y un poco la cabezonería también ayuda para poder estar un poco requerida hasta que te salga el proyecto o lo que estés haciendo.
